jueves, 31 de enero de 2008

OBAMA: FENOMENO MEDIATICO

Arturo Zavala Zavala


La hipótesis de que Obama es un fenómeno mediático se desprende de las virtudes que importantes medios de prensa norteamericanos de circulación nacional en México,destacan sobre el candidato, y las dudas que propalan sobre Hillary.

Decir lo anterior será un sacrilegio para los malinchistas mexicanos que, pese a las pruebas en contra, siguen creyendo en la imparcialidad incólume de la prensa europea y norteamericana. Sin embargo,no se necesita debatir mucho, pues ellos mismos se han comprometiendo abiertamente con los candidatos, lo que sí es una virtud, pues de ese modo no engañan a sus seguidores con una presunta imparcialidad engañosa, como sucedería en México con Televisa o TV Azteca, etc. Como sabemos, The New York Times decidió apoyar a Hillary y por lo visto en el debate demócrata de hoy jueves 31 de enero, CNN (cadena organizadora) apoya a Obama. Solo en esa perspectiva puede entenderse que se haga tanta alaraca con los triunfos menores de Obama (Iowa, Newhampshire), para ayudarle a crecer, y que se opaquen los de la dama dorada.

Decimos que Obama es el candidato de CNN, por la forma mañosa como planteó algunos tramos del debate, como cuando para facilitarle las cosas a Barak, preguntó sobre una presunta sexualidad que mueve la producción cinematográfica holywoodense, lo que sin ser cierto, porque sigue enfangada en el círculo vicioso del refriteo spidermaniano, sí evoca desde el inicio los recuerdos acerca de la conducta sexual del marido de Hillary y expresidente norteamericano Bill Clinton. Para que no quedarn dudas, la pregunta que inmediatamente después le fue planteada a Hillary, consistió en los riesgos de que no pudiera controlar a su marido al llegar a la Casa Blanca, como habría sucedido en campaña. Consciente de la trampa, la candidata se mofó de CNN, contestando con una sonora carcajada.

La causa de fondo de esta estrategia podría radicar en el interés que tienen los conservadores republicanos por desgastar y hasta derrotar a lo que se ha dado en llamar "la maquinaria" de los Clinton, para de ese modo enfrentarse a un Obama menos experto (pese a lo que se diga) y con menos "aparato". Las virtudes que los medios conservadores encuentran hoy en Obama, pronto se convertirían en maldades.

El prestigioso periódico español El País no sale de esta lógica, pues ha sido evidente su desliz hacia Obama, lo que no resulta extraño, después del apoyo que ha estado ofreciendo a las candidaturas conservadores en Latinoamérica, a la de Felipe Calderón entre ellas.

A President Like My Father


By CAROLINE KENNEDY
Published: January 27, 2008

OVER the years, I’ve been deeply moved by the people who’ve told me they wished they could feel inspired and hopeful about America the way people did when my father was president. This sense is even more profound today. That is why I am supporting a presidential candidate in the Democratic primaries, Barack Obama.

My reasons are patriotic, political and personal, and the three are intertwined. All my life, people have told me that my father changed their lives, that they got involved in public service or politics because he asked them to. And the generation he inspired has passed that spirit on to its children. I meet young people who were born long after John F. Kennedy was president, yet who ask me how to live out his ideals.
Sometimes it takes a while to recognize that someone has a special ability to get us to believe in ourselves, to tie that belief to our highest ideals and imagine that together we can do great things. In those rare moments, when such a person comes along, we need to put aside our plans and reach for what we know is possible.
We have that kind of opportunity with Senator Obama. It isn’t that the other candidates are not experienced or knowledgeable. But this year, that may not be enough. We need a change in the leadership of this country — just as we did in 1960.
Most of us would prefer to base our voting decision on policy differences. However, the candidates’ goals are similar. They have all laid out detailed plans on everything from strengthening our middle class to investing in early childhood education. So qualities of leadership, character and judgment play a larger role than usual.
Senator Obama has demonstrated these qualities throughout his more than two decades of public service, not just in the United States Senate but in Illinois, where he helped turn around struggling communities, taught constitutional law and was an elected state official for eight years. And Senator Obama is showing the same qualities today. He has built a movement that is changing the face of politics in this country, and he has demonstrated a special gift for inspiring young people — known for a willingness to volunteer, but an aversion to politics — to become engaged in the political process.
I have spent the past five years working in the New York City public schools and have three teenage children of my own. There is a generation coming of age that is hopeful, hard-working, innovative and imaginative. But too many of them are also hopeless, defeated and disengaged. As parents, we have a responsibility to help our children to believe in themselves and in their power to shape their future. Senator Obama is inspiring my children, my parents’ grandchildren, with that sense of possibility.
Senator Obama is running a dignified and honest campaign. He has spoken eloquently about the role of faith in his life, and opened a window into his character in two compelling books. And when it comes to judgment, Barack Obama made the right call on the most important issue of our time by opposing the war in Iraq from the beginning.
I want a president who understands that his responsibility is to articulate a vision and encourage others to achieve it; who holds himself, and those around him, to the highest ethical standards; who appeals to the hopes of those who still believe in the American Dream, and those around the world who still believe in the American ideal; and who can lift our spirits, and make us believe again that our country needs every one of us to get involved.
I have never had a president who inspired me the way people tell me that my father inspired them. But for the first time, I believe I have found the man who could be that president — not just for me, but for a new generation of Americans.
Caroline Kennedy is the author of “A Patriot’s Handbook: Songs, Poems, Stories and Speeches Celebrating the Land We Love.”
Obama, candidato del Sueño Americano
Como los también demócratas Franklin Roosevelt y John Kennedy, el político afroamericano es audaz, esperanzador, partidario de profundos cambios y defensor de los pobres y las clases medias
EDWARD M. KENNEDY 30/01/2008
Nosotros también queremos un presidente que atraiga las esperanzas de quienes todavía creen en el Sueño Americano.
Y siento aires de cambio.
Cada vez que me han preguntado en el último año a quién iba a apoyar en las primarias demócratas, mi respuesta ha sido la misma: apoyaré al candidato que me inspire, que nos inspire a todos, que sea capaz de ofrecernos una visión optimista, aunar nuestras esperanzas y renovar nuestra convicción de que lo mejor está aún por llegar para nuestro país.
He encontrado a ese candidato. Y tengo la impresión de que ustedes también.
Antes, tengo que destacar cuánto respeto la fortaleza, el trabajo y la dedicación de otros dos demócratas que aún siguen compitiendo: Hillary Clinton y John Edwards. Son amigos míos y han sido colegas míos en el Senado. John Edwards ha sido un firme defensor de la justicia económica y social. Y Hillary Clinton ha luchado en primera línea sobre asuntos que van desde la sanidad hasta los derechos de las mujeres en todo el mundo. Sea quien sea nuestro candidato, contará con mi apoyo. Hay algo claro: todos estamos decididos a que el próximo presidente sea demócrata.
Sin embargo, creo que hay un aspirante con las dotes de líder y el carácter necesarios para responder a las extraordinarias exigencias de este momento histórico. Un candidato que comprende lo que el doctor Martin Luther King, Jr. llamó la "implacable urgencia del presente".
Será un presidente que no vivirá atrapado en los modelos del pasado. Es ya un líder que ve el mundo con claridad pero sin cinismo. Un luchador que se apasiona por las causas que defiende sin demonizar a quienes tienen una opinión distinta. Duro, pero con una capacidad fuera de lo común de apelar a "lo mejor de nuestra naturaleza".
Estoy orgulloso de ofrecer hoy mi ayuda, mi voz, mi energía y mi compromiso para hacer que Barack Obama sea el próximo presidente de Estados Unidos.
Hace cuatro años me conmoví cuando le oí decirnos una profunda verdad: que no estamos ni debemos estar simplemente divididos en Estados rojos y Estados azules, sino que somos un país llamado Estados Unidos. Y, desde entonces, me han asombrado su valor y su elegancia cuando le he visto viajar por el país e inspirar a un número sin precedentes de personas, independientemente de su edad, su raza, su sexo, su partido y su religión, que se han sentido dispuestas a actuar.
Le he visto conectar con personas de todos los ámbitos de la vida y con senadores de los dos partidos. En cada persona a la que conoce y cada muchedumbre a la que inspira, engendra una nueva esperanza de que nuestros mejores días como nación están aún por llegar, y en que esta generación de estadounidenses, como otras anteriores, puede unirse para cumplir nuestra cita con el destino.
Sabemos lo que ha hecho Barack Obama. Ahí está el valor que demostró cuando tantos otros se limitaron a callarse o a dejarse llevar. Él se opuso a la guerra de Irak desde el principio.
Ahí está la enorme inteligencia de alguien que podía haber hecho una brillante carrera como abogado, pero prefirió trabajar para su comunidad y dedicar su vida al servicio público.
Ahí está el incansable talento de un senador que llegaba a primera hora para ayudarnos a negociar el compromiso necesario sobre la reforma de la inmigración y que siempre veía una forma de proteger al mismo tiempo la seguridad nacional y la dignidad de la gente que no tiene poder. Él buscó justicia en su nombre.
Y ahí está la eficacia que demostró al ayudar a elaborar una legislación para garantizar la presencia de buenos profesores en nuestras aulas.
Barack Obama es un dirigente nacional que ofrece ahora a Estados Unidos un nuevo tipo de campaña, no sobre él, sino sobre todos nosotros, sobre el país en el que nos convertiremos si sabemos superar la vieja política que nos divide.
Recuerdo otra ocasión similar, en los años sesenta del pasado siglo, cuando yo tenía 30 años y acababa de llegar al Senado. Teníamos entonces un nuevo presidente que había impulsado al país, sobre todo a los jóvenes, a buscar una nueva frontera. Aquellos jóvenes se manifestaron, protestaron contra la guerra de Vietnam y sirvieron con honor en ella a pesar de oponerse.
Comprendieron que al preguntarse qué podían hacer por su país también podían cambiar el mundo.
Fueron los jóvenes quienes encabezaron el primer Día de la Tierra y lanzaron la llamada de alerta para proteger el medio ambiente; fueron los jóvenes quienes se apuntaron a la causa de los derechos civiles y la igualdad para las mujeres; fueron los jóvenes quienes formaron el Cuerpo de Paz y mostraron al mundo el rostro pacífico de Estados Unidos.
En la celebración del quinto aniversario del Cuerpo de Paz, pregunté a uno de aquellos jóvenes por qué se había presentado voluntario. Y nunca olvidaré su respuesta: "Fue la primera vez que alguien me pedía que hiciera algo por mi país".
Lo mismo sucede ahora. Hoy percibo un anhelo similar al de los años sesenta, un ansia parecida de avanzar hacia adelante y hacer que avance nuestra nación. Lo veo no sólo en los jóvenes, sino en todo nuestro pueblo. Y en Barack Obama veo, no sólo la audacia, sino la esperanza en la América que todavía está por venir.
Lo que importa para gobernar no son los años pasados en Washington, sino la amplitud de visión, la firmeza de las creencias y esa rara cualidad de mente y espíritu que logra sacar a la luz lo mejor de nuestro país y de nuestro pueblo.
Con Barack Obama, cerraremos el libro de la vieja política de raza contra raza, sexo contra sexo, etnia contra etnia, heterosexual contra homosexual. Con Barack Obama, cerraremos la puerta de la vieja economía que ha marginado a los pobres y ha hecho más pobre e insegura a la clase media. Con Barack Obama, saldremos del estancamiento y, por fin, tendremos la sanidad que Estados Unidos necesita: un derecho fundamental para todos, no un caro privilegio para unos pocos.
Haremos que Estados Unidos sea el gran líder y no el gran obstáculo en la decisiva lucha contra el calentamiento global.
Y con Barack Obama, pondremos fin a una guerra en Irak a la que siempre se ha opuesto, que nos ha costado las vidas de miles de los nuestros y que Estados Unidos no debería haber emprendido jamás.
Rechacemos, pues, las dudas.
Recordemos que, cuando Franklin Roosevelt concibió la Seguridad Social, no pensó que era un sueño demasiado ambicioso, que iba a ser demasiado difícil. Cuando John Kennedy pensó en ir a la Luna, no dijo que estaba demasiado lejos, que quizá era imposible y no valía la pena intentarlo. Sólo podemos alcanzar nuestras metas si "no somos mezquinos cuando nuestra causa es tan grande", si encontramos la forma de superar las ideas rancias, si sustituimos la política del miedo por la política de la esperanza y si tenemos el valor de escoger el cambio.
Barack Obama es el único candidato a presidente que puede traernos ese cambio. Sé que está preparado para ser presidente desde el primer día. Y, cuando tome posesión, en ese mismo momento, se levantará el ánimo de nuestro país y empezaremos a restaurar la imagen de Estados Unidos en el mundo.
Hubo otra época en la que otro joven candidato se propuso para la presidencia y retó a Estados Unidos a atravesar una Nueva Frontera. Tuvo que soportar las críticas públicas del anterior presidente demócrata, que contaba con el respeto del partido. Harry Truman dijo que necesitábamos "a alguien con más experiencia", y añadió: "Te aconsejo que seas paciente". John Kennedy respondió: "El mundo está cambiando. Las viejas fórmulas ya no sirven".
Amigos, les pido que se unan a este viaje histórico, que tengan el valor de escoger el cambio. Ha llegado de nuevo la hora de contar con una nueva generación de líderes. Ha llegado la hora de Barack Obama.
Edward M. Kennedy es senador de EE UU. Este texto es un extracto del discurso que pronunció el lunes en la American University de Washington DC.